Tiene nombre y apellido, pero todos lo conocen por un apodo que se refiere a la música de cuarteto. Es el líder entre los adolescentes de su escuela. Ganó fama incluso fuera de su territorio. Muchos estudiantes de su edad le temen. Otros lo respetan y, la mayoría, prefiere no cruzarse en su camino. La historia de este alumno es una luz de alerta en la comunidad educativa.

La violencia en las escuelas está instalada. Como un cuerpo que respira agazapado y a punto de estallar, late debajo de la alfombra en los colegios privados, y en las escuelas públicas, en el centro, y en la periferia, en todos lados. Los casos se multiplican, y se transmiten de boca en boca. Cada vez hay más gente que conoce sobre un hecho de violencia en alguna escuela, pero se comenta en voz baja como intentando no despertar al monstruo. Hay culpas compartidas entre los chicos, los maestros y los padres.

La mayoría de los casos se ocultan o, al menos, se intenta esconderlos. Esa actitud es como querer ponerle una tapa a una cacerola en ebullición. Hay hechos que asombran por su dimensión. Un alumno rompió las reglas y se convirtió en líder. También rompió los códigos estudiantiles y, ahora, puede costarle caro.

"El trapo" de la discordia

Años atrás una de las bromas más pesadas era tirarle un borrador al compañero. Pero los tiempos cambian y las conductas, también. En estos días, entre los estudiantes, todo el mundo habla de una de las últimas hazañas de este líder, que tuvo la osadía de adueñarse de una bandera de otro colegio. Se "robó un trapo" como dicen en la jerga de los barrabravas. Se llevó la bandera de otra escuela, le pintó insultos en letras grandes, le tomó una foto con el celular y subió esa imagen a su cuenta de Facebook. Todo eso es una terrible afrenta para los estudiantes del otro colegio, que prometieron una venganza. Es increíble, pero en las escuelas se habla en términos de vendetta.

Cierren las puertas

Hasta hace unos días, en Tucumán, los estudiantes vivieron la temporada 2011 de las semanas de los colegios. Esa etapa del año es la que genera la mayor tensión entre los distintos colegios. Cada "barrita" de alumnos aprovecha para "visitar" otros colegios y ahí empiezan los enfrentamientos.

Varios maestros todavía recuerdan una tarde en que una de las "barritas" de estudiantes regresó al colegio para devolver el favor de la bandera robada y ultrajada. Aquella vez, cerraron las puertas para evitar una batalla campal entre los alumnos. Esa fue una solución momentánea, pero urge hallar la solución de fondo. Hay mucha gente interesada en que no se hable del tema. Cuanto menos se sepa, mejor para ellos. Sin embargo, el problema existe, está creciendo y exige una solución que tranquilice a todos. Los docentes están al tanto y necesitan los respaldos de padres y autoridades para poder trabajar más tranquilos frente al pizarrón.

Mientras tanto, el estudiante mantiene su liderazgo, aumenta su rebeldía y está dispuesto a defenderse de sus adversarios para extender su dominio en otros territorios. Todo esto dicho y hecho con códigos de violencia. Para colmo, las rivalidades se potencian con la ayuda de las redes sociales. Una netbook con conexión a internet es suficiente para degradar al otro no sólo con palabras, sino también con imágenes.

Hoy en día, una burla en Facebook es más terrible que un insulto en la calle. Los estudiantes lo saben. Es hora de que todos se enteren.